Si igual nos gusta
Escrito por Walabi el 10 de Septiembre, 2009
¿Qué pasa con esa gente que prefiere ver Tolerancia Cero en vez de CQC? ¿O Contacto, en vez de Dónde Está Elisa?

Yo sé que a lo mejor ver a MEO discutir con Matías del Río y sacarle canas verdes a Fernando Villegas debe ser un espectáculo maravilloso para algunos, pero asumámoslo, está pasado a snob.
Si la honestidad del chileno estuviese dentro de la canasta familiar, lo más probable es que nadie te diga que está ansiosamente esperando el domingo para disfrutar de una “buena discusión política”. ¿O sí?
Deben existir, pero son los menos. ¿Y qué hacemos los más? Lo pasamos chancho comentando el reality show e imaginando el final de la teleserie, como buen chileno.
No digo que Yingo o el Morandé con Compañía sean la nueva Biblia, sino todo lo contrario. Ya nadie quiere prédicas, ya a nadie le interesa saber de política o de problemas terribles.
No se trata de ser más o menos intelectual, más o menos inteligentes o más o menos comprometido con la actualidad y contingencia nacional. Se trata de lo que nos gusta de verdad, y de lo que aburre o simplemente no nos interesa ver.
Que la encuesta CEP, que el candidato aquí, que el candidato allá. A quién le importa. Si todos sabemos que en el fondo la gente vota porque uno u otro le cae bien, y punto. No es necesario tener tantos programas de “análisis” -que más bien terminan en contra argumentaciones de lo más confusas- para que la gente saque conclusiones.
Porque es precisamente gente como Juan Carlos Eichholz la que me hace cambiar de canal. A estas alturas de la vida no me interesa escuchar análisis mamones sobre gestión política o quién hizo mejor qué cosa en el pasado. Una lata, especialmente en domingo. Y con la salida de Alejandro Guillier, Tolerancia Cero pasó a ser efectivamente intolerable. Y así con un montón de otros programas del mismo estilo.
En lo que los cerebros detrás de todos esos “estelares” no han reparado es en que el ciudadano común y silvestre no entiende mucho de gestión institucional, cambio organizacional o progresismo. Uno escucha cuando hablan de impuestos, de trabajo, de pobreza. Y por eso nos quedamos con el Morandé.
Somos la generación busca talentos, de las imitaciones y de los concursos por 200 lucas. Nos encantan las teleseries, porque lo pasamos tan bien con los misterios policiales, con los romances prohibidos y con esos conflictos casi caricaturizados, que obligadamente forman parte de nuestras conversaciones de pasillo y la charla del café en la oficina al otro día.
Quién no se ha quedado pegado viendo algún matinal, la repetición del realiry que no alcanzamos a ver en la noche, las copuchas amorosas de los futbolistas.
No hay que engañarse, dejemos de ser tan cartuchos. Si nos gusta el SQP, Primer Plano y Animal Nocturno, bien. Hay que aprender a disfrutar, a comprender la magia de farandulandia, de la opinología y del programa estelar livianito de sangre.

Dejemos de mirar de reojo a los que compran LUN porque quieren saber las copuchas del espectáculo, y asumamos que finalmente todos terminandmos comentando los cahuines mientras vamos en la micro.
Tags: locura, morandé con compañía, televisión, tolerancia cero, yingo





























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