Merlí, la filosofía y la dura adolescencia

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Quizás no lo recuerden, pero cuando el gobierno, en el marco de la reforma educacional, anunció modificaciones en el curriculum obligatorio de educación media todos saltamos furiosos. Lo que nos motivó a reaccionar con vehemencia no fue ni matemáticas, ni lenguaje, ni las ciencias, sino que la madre de todas ellas: la filosofía.

No podíamos entender como querían quitarnos esas cortas, pero sabrosas horas donde el profesor más buena onda del colegio nos hablaba de la verdad y nos desafiaba a pensar más allá del límite de nuestras adolescentes conciencias y, aunque poco lo pescábamos, sin duda marcó un antes y un después en nuestras vidas.

Se decía que Sócrates corrompía a la juventud porque luego de escucharlo, estos ya no eran los mismos. Aprendieron a pensar solos; a desafiar lo establecido por la costumbre y comenzar a utilizar la razón.

Esto es precisamente lo que condimenta la serie catalana, disponible en Netflix, Merlí. Homónima a su protagonista: Un profesor de filosofía, de Barcelona, separado, que vive con su madre y su único hijo, Bruno que, a escondidas de sus compañeros, practica ballet.

La historia comienza cuando Merlí acepta trabajo en la escuela de su hijo, donde adopta un noble cariño por sus alumnos a quienes bautiza como Peripatéticos, mismo nombre que los discípulos de otro gran filósofo: Aristóteles.

Los dramas no se hacen esperar, desde el primer día Merlí marca sus diferencias y pone al colegio patas arriba, pues es un personaje que no pasa desapercibido, y ante eso o lo amas o lo odias.

Recomiendo la serie porque lo tiene todo. Lo primero que llama la atención es el cariño con el que están haciendo tele en Catalunya, un mundo desconocido para muchos de nosotros, Merlí tiene una imagen y producción excelente. Las situaciones están tan bien representadas que se ven muy familiares, y la historia está tan bien contada que se pasa volando. La guinda de la torta es que cada capítulo tiene como título el nombre de un filósofo ilustre y el drama gira entorno a sus miradas.

Merlí, por todos lados, es un imperdible. Veámosla, comentémosla, refutémosla y superémosla. No cabe duda que esta serie nos quitará muchos velos.

David Catalán